Father and Daughter

El Holandés Michaël Dudok de Wit, resultó ganador del Oscar al mejor cortometraje de animación en el año 2001 por Father and daughter. Una maravillosa historia sobre un vínculo afectivo entre un padre y su hija provista de espera, de pérdida y de vacío. Esta obra antecesora al largometraje logra con la misma esencia, captar al espectador con trazos sutiles y música de acordeón. Y es que De Wit, tiene una forma y un estilo muy peculiar de animar. Sus personajes están compuestos por ligeros y finos trazos, sin mucha aglomeración de elementos, naturaleza lineal y vehículos simplificados casi al boceto. La composición y el movimiento de sus dibujos se realzan a través de la penumbra, con colores negros y apagados. Por ello, esta manera de animar tan característica, se transforma en una historia contada sin ornamentos, llegando al auge de la simplicidad y donde se percibe una sensibilidad apabullante.

Estos elementos combinan ciertas simbologías narrativas; las bicicletas y sus ruedas esféricas bien podrían ser interpretadas como el hemisferio de la vida, retratando algo que es cíclico, algo que se ve empujado por la inercia del tiempo, el eco de la vida. Los personajes de esta historia bien podrían extrapolarse a cualquier país, siglo o circunstancia. La magia de Father and daughter reside en que no conocemos a fondo a los personajes pero no nos hace falta. No tenemos que saber quiénes son y de dónde vienen para focalizarnos en su historia y empatizar con ellos.

Este micro-cuento meramente dramático se caracteriza (además de por lo que vemos) por lo único que oímos: una composición de Normand Roger. La pieza recoge los pasos de la propia historia pero con alicientes de ternura y esperanza en sus acordes. Instrumentos de viento metal, cuerda, piano y acordeón al más puro estilo Franco-Holandés. El sonido del césped, las bicicletas, las gaviotas y el viento lo convierten en una experiencia de pura sinestesia de tan solo nueve minutos. Nueve minutos de nuestras vidas que agradeceremos haber puesto en disposición de una historia. Una historia tan cíclica como sus bicicletas.

 

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